2Y oyendo Juan en la prisión los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos,
3Diciendo: ¿Eres tú aquél que había de venir, ó esperaremos á otro?
4Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber á Juan las cosas que oís y veis:
5Los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos son limpiados, y los sordos oyen; los muertos son resucitados, y á los pobres es anunciado el evangelio.
6Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.
7E idos ellos, comenzó Jesús á decir de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es meneada del viento?
8Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de delicados vestidos? He aquí, los que traen vestidos delicados, en las casas de los reyes están.
9Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? También os digo, y más que profeta.
10Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, que aparejará tu camino delante de ti.
11De cierto os digo, que no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista; mas el que es muy más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.
12Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan.
13Porque todos los profetas y la ley hasta Juan profetizaron.
14Y si queréis recibir, él es aquel Elías que había de venir.
15El que tiene oídos para oir, oiga.
16Mas ¿á quién compararé esta generación? Es semejante á los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros,
17Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no lamentasteis.
18Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene.
19Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada por sus hijos.